Seguro que te ha pasado. Te despiertas, es tu cumpleaños o un día especial, y el móvil echa humo. Notificaciones, globos de colores en la pantalla, audios de "felicidades"... y a los diez minutos, si no has contestado, ese mensaje ya ha quedado enterrado bajo otros veinte. Al final, lo digital es un poco como el humo: aparece rápido, pero se va volando.
En Goxonela nos encanta la tecnología (¡gracias a ella podemos estar más cerca de vosotros!), pero somos unos románticos de lo que se toca. Por eso, hoy queremos hablaros de algo que nos hace mucha ilusión cuando preparamos vuestros paquetes: ese sobrecito con vuestro mensaje.
Lo que se queda en la encimera (y en el corazón)
¿Sabéis esa sensación de abrir un pedido y encontrarte con un papel que lleva tu nombre? Eso no tiene comparación con un emoji en una pantalla.
Cuando enviáis un Goxonela, no estáis mandando solo un detalle para el desayuno, la merienda o el postre. Estáis enviando algo físico. Ese mensaje se queda apoyado en la cafetera, se pega en la nevera con un imán o se guarda entre las páginas del libro que estás leyendo. Se convierte en un recuerdo que puedes tocar días después. Es el fin de las felicitaciones que se olvidan a los cinco segundos; es decirle a alguien: "Me he parado un momento a pensar en ti, me importas y aquí tienes la prueba".
Cualquier excusa es buena (y a cualquier hora)
A veces nos preguntáis si "esto del detalle" es solo para el desayuno. ¡Para nada! En el obrador vemos de todo y nos encanta.
Ese mensaje de "ánimo con el examen" a media mañana.
El "perdona por lo de ayer" que llega con una merienda a las seis de la tarde.
O ese "te quiero porque sí" que aparece en la oficina un martes cualquiera.
Lo importante aquí es dejar un buen recuerdo, y para eso hace falta un producto que esté a la altura. Por eso nos dejamos la piel en cada elaboración, para que cuando la persona abra el paquete y lea vuestras palabras, el sabor esté a la altura del mensaje.
Goxonela es ese ratito para ti
Al final, lo que buscamos es que el tiempo se pare un poquito. Que dejes el móvil a un lado, le des un mordisco a algo rico y leas ese mensaje en papel una y otra vez. Porque lo rico se acaba (¡ojalá las medialunas fueran infinitas!), pero la sensación de que alguien se ha molestado en enviarte un detalle así de cuidado... eso se queda contigo mucho tiempo.
La próxima vez que quieras decir algo de verdad, no te quedes en el móvil. Pásate por la web, elige lo que más le guste y deja que nosotros pongamos el sobre 👇